CENTRO CULTURAL

“Espacio abierto a la comunidad, que tiene por objeto representar y promover valores e intereses artístico – culturales dentro del territorio de una comuna o agrupación de comunas. Tiene un carácter multidisciplinario y en él se desarrollan servicios culturales y actividades de creación, formación y divulgación en diferentes ámbitos de la cultura, así como apoyo a diferentes organizaciones culturales. Da lugar a los creadores y a las demandas locales de arte”

CNCA, 28 de marzo 2007

 

“El centro cultural se trata de la infraestructura dedicada genéricamente  a actuaciones propias de la cultura, habitualmente abierta al público –si bien puede tratarse de centros de acceso restringido a socios, partícipes, empleados de una empresa, etcétera- y, normalmente también, con distintos usos sectoriales o disciplinares que lo distinguen de otras infraestructuras por su carácter multifuncional. Formalmente la idea y el concepto de centro cultural no requieren más acotaciones, de manera que es por el volumen infraestructural y por la índole de sus promotores o sostenedores, por lo que cabría establecer “categorías” distintas que en última instancia serían más bien escalas de un mismo género de infraestructura cultural.

Seguramente la creación y puesta en marcha del Centro Georges Pompidou en París en 1977, puede tomarse como referente temporal de la fijación, de algún modo, de la idea de centro cultural, en la que están presentes algunos vectores que tienen plena vigencia: la voluntad política de establecer una oferta de cultura abierta a la ciudadanía –en torno al arte contemporáneo, en su caso-, la combinación de fórmulas infraestructurales tradicionales en una sola instalación (biblioteca, centro documental, salas de exposiciones, etcétera) y, especialmente, la intervención en un espacio concreto con objetivo de revitalización del tejido socio-urbano en aquel caso. Sobre esa base, cabe tomar por válido que un centro cultural es una infraestructura en la que pesan sustancialmente su proyección social y territorial además de la estrictamente sectorial y aun del objetivo primordial con que se crea. Antes y después del Pompidou otras instituciones principalmente estadounidenses, británicas o italianas tenían y tienen muchas características de centro cultural fueran o no denominadas así; el caso parisino lo que introdujo básicamente fue el criterio de proyecto en torno a un objetivo y la rotundidad de la voluntad política de intervención, a partir de los cuales quedaba abierta la evolución programática e institucional de lo que se fundaba.

Los centros culturales, sean de iniciativa pública o privada, tienen tres condicionantes básicos en su capacidad de proyección: los recursos y objetivos asociados por el promotor al funcionamiento, su capacidad física en cuanto infraestructura, y su alcance programático –generalista o segmentado-. Los tres condicionantes son cuantificables por medio de los presupuestos que dispone, y ejecuta, un centro cultural, y conforme a ello cabe asignar un tamaño real o efectivo en términos de gestión a cada caso, más allá de la presencia arquitectónica y urbanística, emblemática, que solemos decir. Los ámbitos estratégicos en que inciden los centros culturales son la promoción y la cooperación culturales aunque, como se ha apuntado, desde los puntos de vista social y político tienen una especial relevancia en la integración y participación sociales. Precisamente por ello en la gestión programática es importante tener en cuenta el alcance buscado o esperado de un centro, según sea su emplazamiento geográfico –barrial, comarcal, urbano, etcétera- y el potencial articulador que tal ubicación permita imaginar. Un centro cultural, que es fundamentalmente una infraestructura abierta al ciudadano, puede desprenderse de su capacidad integradora a partir de una programación decididamente segmentada, sea de forma intencional o no.

Entonces es necesario abrir la perspectiva y dejar que la casuística describa qué es o puede ser un centro cultural. Instituciones públicas a veces, pero con más frecuencia las de iniciativa privada o mixta, son denominadas como centros culturales para en realidad responder a objetivos de promoción de un segmento cultural, de una marca o grupo, de una voluntad específica, todo ello con plena legitimidad en cuanto iniciativa, pero sin previsión concreta de proyección social ni participativa o dejando este aspecto en un segundo plano de los objetivos, e incluso negándolo explícitamente. Los centros culturales promovidos por instituciones internacionales, o dependientes de la política exterior de un país, son tal vez ejemplos bastante netos de esa circunstancia, en su caso porque lo contrario pudiera ser calificado como injerencia si figurase entre sus objetivos primarios; pero inevitablemente acaban teniendo un impacto local de uno u otro género. Es el ejemplo más nítido, pero también paradigmático de lo que acontece a la postre con cualquier “centro cultural” cualesquiera que sean sus promotores y objetivos, si cuenta con una imagen -edificio, repercusión mediática, aceptación de mediadores y grupos de presión- prestigiada.

La misma casuística recuerda tener presente una tendencia, ya no tan reciente, que consiste en dotar a otras infraestructuras culturales (bibliotecas, museos o archivos) con funciones multidisciplinares características de un centro propiamente dicho. Es un recurso, con objetivos de animación socio-cultural, que busca integrar o re-integrar socialmente a la institución que sea del caso, seguramente por decadencia subjetiva de sus funciones lógicas. La percepción de que un museo, o biblioteca, requiere mayor visibilidad social, mayor integración, presupone que por sí misma la institución no cuenta con legitimación suficiente; lo que a su vez pone de manifiesto un precario sentido de su valor patrimonial y cultural, o bien una decadencia de sus instalaciones y funcionalidad,  o que su ubicación socio-geográfica ha quedado en desuso. Cuando no todas esas circunstancias a la vez. Es orgánicamente distinto, a este respecto, el uso complementario como centro cultural de una infraestructura cuando sus instalaciones y dotación lo permiten y se trata de ampliar la oferta de cultura a una población concreta”.

Pedro Vives

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